2025x20 Leí 10 poemarios para recordar los 150 años del nacimiento del poeta José Santos Chocano.

Lima, lunes 19 de mayo de 2025

0.

Se cumplen 150 años del nacimiento del poeta José Santos Chocano Gastañodi (14 de mayo de 1875 - 13 de diciembre de 1934). Para conmemorar este aniversario, este último fin de semana terminé de leer 10 poemarios:

1895 Iras santas [La ira santa es la indignación frente a la maldad y la defensa de la verdad y la justicia.]

1895 En la aldea

1896 Azahares. Notas líricas

1899 La Epopeya del Morro

1899 El derrumbe [Poema americano. La versión reducida de 637 versos sobre la rebelión de Juan Santos Atahualpa como un huaico]

1901 El canto del siglo [Poema finisecular]

1902 La selva virgen

1906 Alma América [Poemas indo-españoles]

1924 Ayacucho y los Andes. Canto IV de "El hombre-sol". Trazo de una epopeya panteísta

1988  José Santos Chocano. Antología [Biblioteca peruana]

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Imagen de la portada:

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/f/fd/Jchocano.jpg/500px-Jchocano.jpg
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1.

           LUCHA Y TRABAJO

[...]
Yo amo a ese Pueblo que, al mirarme erguido
cantando el himno de las iras santas,
se arrebata, se encrespa se sacude
y arroja sus espumas a mis plantas.
¿Qué poeta en el Pueblo no se inspira?
Briosa la canción, tascando el freno,
se subleva en el fondo de mi lira,
como brusco corcel de ardores lleno,
que se prepara, altivo y prepotente,
a estampar con un golpe su herradura
del tirano brutal sobre la frente...
[...]
Yo, por entre el estrépito sublime,
levantándome adusto y orgulloso,
diré lo que en mi espíritu se agita,
para lanzar la frase que redime
y la frase también que resucita.
La Libertad, la Libertad bendita,
la Libertad de ensangrentadas manos,
pide para su frente una corona
fabricada con huesos de tiranos...
[...]

           EN LA BRECHA

                       I
Si vivir es luchar, cuando la pluma
vibre en la mano del poeta ardiente,
debe el poeta levantar la frente
y sacudir el miedo que lo abruma.

Si escribir es luchar, la gloria suma
es azotar al déspota insolente;
que estallando la ola prepotente
cubre su sien con delicada espuma...

Reviente el verso al roce de la chispa;
y zumbe de la gloria entre las palmas
con el tenaz zumbido de la avispa...

¡Que por la ley eterna de las cosas
y por la ley eterna de las almas,
los versos sin espinas no son rosas!
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2.
                  PRELUDIO AZUL

¡El libro ya está abierto! Lee, amada,
este libro que he escrito, ora en las noches
de dolor -a la luz de tu mirada-,
ora en los días que pasé aturdidos
gozando, a pleno campo, los derroches
de perfumes, colores y sonidos...
[...]
Láncete, el Sol sus últimos destellos:
infle tu falda el aire impertinente,
después de alborotarte los cabellos...
Así debes leerme: así mecida,
suave, amorosa y sosegadamente,
¡ya que es sólo un vaivén toda la vida!
[...]
¡Lee, y encontrarás, una por una
todas tus ilusiones alocadas
de bienestar, de gloria y de fortuna;
porque en el ansia que tu ideal me inspira,
a tus cinco sentidos afinadas
tengo las cinco cuerdas de esta lira!

Castillo de barajas es la aldea:
de ella te voy a hablar; pero perdona
si algún vocablo la expresión afea.
El amor campesino el frac rehúsa:
no la tersa levita se abotona,
sino se abre más bien la fresca blusa...
[...]
¿Y yo olvidarte? En el dolor me pierdo,
pero orientarme hacia el placer consigo:
por el secreto imán de tu recuerdo...
¡Tú eres a mí lo que al abismo el lampo,
lo que el oro es al hambre del mendigo,
lo que el torrente es a la sed del campo!
[...]


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            EL PAVO REAL

El pavo real es el señor vizconde
que con golilla tornasol pasea,
que entre plumas magníficas se esconde,
y con un grito trémulo responde
si la alegre gallina cacarea...

Vedle cómo, señor de los señores,
mueve a compás el cuerpo en que tremola
la bandera de todos los colores,
mientras luciendo va todas las flores
sobre el arco iris de su abierta cola...

Vedle cómo en su cuello, donde empieza
ese matiz que entre las plumas vaga,
orgulloso levanta la cabeza:
vedle cómo conoce su belleza,
y con su propia vanidad se embriaga.

Pasea como un rey entre sus salas,
luciendo altivo las abiertas rosas
que en amplia confusión forman sus galas,
él, que tiene en la cola y en las alas
prendidas un millón de mariposas...

           EN EL POTRERO

Sobre el potrero que vigor transpira
en sus tibios y lánguidos reposos,
el desalado viento zumba y gira
por los cañaverales rumorosos...

Entre las verdes cañas, serpentina
y angosta senda un carrizal separa,
senda en que a trechos con orgullo empina
su ígneo penacho la gentil zacuara!

En la espesura, mugidor y ardiente
corre el toro ya libre del arado;
y allá, junto a las tapias, el torrente
ladra como un mastín encadenado!

Algún mozo de campo en plena lucha
su ardua tarea intrépido acomete;
que, entre el murmullo trémulo, se escucha
el sentencioso golpe del machete!

Pleno cañaveral. Signo es del cielo
la cruz de cañas que en la verde alfombra
se proyecta, inclinándose hacia el suelo,
como empeñada en abrazar su sombra...


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3.
       AMORES VIEJOS

[...]
¿Dices que no has amado? Te lo creo:
eres mujer al fin y mi Dios eres;
y, desde que dejé de ser ateo,
voy creyéndoles más a las mujeres.

Soy tu primer amor. Tú me lo juras;
y algo, que me lo afirma, en tu alma llevas,
conozco que son nuevas tus ternuras,
nuevas tus ansias y tus dichas nuevas...

En cambio, pecador arrepentido,
yo te confieso mis amores muertos:
mi rumbo era hacia ti, pero he tenido
que ir en el viaje visitando puertos...

¡He llegado por fin! Abre los brazos
y olvida la tardanza del viajero.
Te doy un corazón hecho pedazos:
¡ve modo tú de conservarlo entero!
[...]


              EL SÉPTIMO DÍA

[...]
- ¡Cómo! - gritó con formidable acento.
-¿Éste es el Universo que he soñado?-
Y quiso derrumbar con sólo un viento
el castillo de naipes levantado.

Pero súbita idea ardió en su mente;
y, como arado que la tierra escarba,
una mano pasose por la frente,
se sonrió, y acarició su barba...

- ¡Sea el amor! - gritó. - Llene la historia;
y que todo a su hechizo se transforme,
que todo se haga música de gloria! -
¡Y sonó un trueno como beso enorme!

- ¡Sea el amor! - gritó. - Pero que sea
digno de mí; que, a su celeste hechizo,
corran sobre los cauces de la idea
ríos de luz... ¡Y la mujer se hizo!

[...]



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4.
III
EL MORRO Y EL HÉROE
[...]
[Bolognesi] Tal el hermoso anciano,
que siempre tuvo en el feral embate
-más valiente que Aquiles, ya que el griego
gozaba de los dioses el socorro-
frente de cumbre y corazón de fuego;
que no por cierto en vano
¡nació al pie de un volcán, murió en un morro!

IV
EN ESPERA

[...]
¡Son tan pocos!... Y en vano la mirada
espacia el héroe por do quier: no llega
refuerzo alguno. Soledad callada؛;
cúspide muda; silenciosa vega;
campiña sin rumor... ¡En vano, en vano,
se esfuerza por oír otro murmullo
que no sea el murmullo del océano!

¡Ah! parece el silencio con que el fuerte
desprecia al débil, desde su alto orgullo.
Ni un vago, inquieto son, ni un leve ruido:
es el hondo silencio de la Muerte,
¡es el sueño profundo del Olvido!...
[...]
¡Ah, ya está todo en el lugar que quiso
señalarle la Suerte desgraciada!...
El invasor al pie, cual replegada
ola pronta a saltar; en la alta cumbre,
el héroe cual relámpago indeciso
que anuncia tempestades, con la lumbre
de su vibrante espada;
el mar sembrado de enemigas naves
súbitamente, que al volar semejan
las arrancadas plumas de las aves
que por los vientos arrastrar se dejan; [...]

Bolognesi en la cumbre suspendido
hállase ante la escuadra fragorosa,
como ante un cazador pendiente un nido.
Y bajar de la cumbre fuera en vano,
ya que innúmera hueste al pie lo acosa.
¿Mas qué le importará, si otro es su anhelo?
No podrá el héroe descender al llano;
pero podrá subir: ¡subir al cielo!
[...]

V
EL ÚLTIMO CARTUCHO

[...]
Después que lo escuchó, la ligera mano
pasose el héroe por el ancha frente;
las cejas enarcó súbitamente;
pero, al pensar que se enojaba en vano,
díjole así tranquilo y sonriente:
-Tengo apenas un grupo de soldados;
pero tengo a la vez los más sagrados
deberes que cumplir: la voz escucho
de mi conciencia que morir me manda;
y moriré... después que en la demanda
¡haya quemado el último cartucho!-.
[...]
-Aguardad- dice el héroe, -yo os lo ruego:
no estoy solo, en verdad; y es deber mío
consultar mi respuesta. Volved luego;
o mejor... esperad, porque ya ansío
de una vez concluir. Venga la junta,
aquí mismo, ante vos; y que decida
si supe contestar vuestra pregunta
y si supe escoger. ¡O muerte, o vida!-

Prontos instantes luego
empezaron del héroe a la presencia,
a llegar sus gloriosos capitanes:
MORE el primero fue, con el sosiego
del que marcha, serena la conciencia,
a la coronación de los afanes;
y luego UGARTE, con la faz tranquila, [...]

[...] Fuera egoísmo,
egoísmo de gloria, en un anciano,
sacrificar vuestras sagradas vidas
sin oíros primero.
¡Vosotros escoged! ¡No hubo espartano
que no siguiera el rumbo de Leonidas:
os lo recuerdo; mas quién sabe acaso
si no es bueno seguir, cuando están llenas
de juventud las almas, al que un paso
le  resta dar hacia la tumba apenas!...-
[...]
-¡Vuestra opinión es mía!- dice entonces
el majestuoso MORE; y todos -¡Mía!-
prorrumpen a la vez: la vocería
es cual si echasen a volar los bronces...
[...]
y señalando el campo, que la puerta
deja entrever, con la actitud del guía
que muestra un rumbo en la extensión desierta
-¡Ya sabéis- dice -la respuesta mía!
Yo rendirme no sé, yo siempre lucho
a vencer o morir; decid que es ésta
mi irrevocable y única respuesta:
¡Quemaremos el último cartucho!-.

VI
ANTES DEL ASALTO

[...]
En la comida luego de aquel día,
apuraron los tétricos soldados
su alimento postrer, fríos callados,
con profunda atención; y no se oía
risa profana que a turbar viniera
aquella calma de dolor sombría,
que se cierne en las almas y en las cosas,
cuando próxima está la nube fiera
a desatar sus iras tempestuosas...
[...]
Cinco veces mayor, el enemigo
todo lo arrollará, todo... ¡qué importa!
Cinco veces mayor será el ,renombre
que cada héroe llevará consigo
al sepulcro también. La Vida es corta
para que pueda apetecerla el hombre...

VII
EL ASALTO

[...]
aquel héroe sin nombre, con su sola
calada bayoneta, al fin rechaza
a un grupo, que le envuelve y le amenaza
como a la peña la ceñida ola;
ése, como hoja que arrebata el viento,
de peña en peña va, por el barranco;
ese otro lanza horrible juramento,
los ojos pone en blanco,
deja caer el arma, con la diestra
cubre la sangre que en su pecho asoma
y rápido, en mitad de la palestra,
gira sobre sí mismo... y se desploma;
éste, el corvo homicida
clávale por la espalda al que entre tanto
expone, ante cien muertes, una vida;
éste, de cara al Sol, muerto soldado,
como expresión de póstumos enojos,
muestra al cielo el combate reflejado
en el cristal de sus abiertos ojos;
y este otro, que dispara
su arma antes de caer, rápido rueda
y en su alarde postrer, de espaldas queda,
vuelta hacia el suelo con desdén la cara...

Charcos de sangre lo enrojecen todo;
y así la sangre, lustración de horrores,
resbala en cauces de revuelto lodo
cual por la sien del labrador sudores...
[...]

IX
FIN DEL ASALTO

[...]
De pronto, en su corcel, entre el tumulto
que arrolla el invasor, rápido avanza
ALFONSO UGARTE, cual fugaz meteoro:
tal en las sombras del dolor oculto
brilla a veces un rayo de esperanza...

Es blanco su corcel, con cascos de oro
y pupilas de Sol; rasga la bruma
con su flecha veloz; y sobre el alta
cumbre, erguido en dos pies, salpica espuma
con relincho de horror... ¡y luego salta!
[...]
Y al ver así cayendo su figura,
con la espada desnuda entre la mano,
en su blanco corcel, creyó el océano
que era un Ángel bajando de la Altura.
[...]
En tanto, sobre el Morro, en el postrero
fuerte del norte, un grupo denodado
resiste altivo al vencedor, que fiero
en su innúmera hueste lo ha cerrado,
como un compacto círculo de acero.
¡El asalto invasor rompe la valla,
que cede al fin; y el grupo prisionero
es el punto final de la batalla!
[...]
De las quince centenas de soldados
que escoltaban al héroe, diez centenas
por la tierra quedaron esparcidas:
esos héroes desnudos, desgarrados,
ostentaban apenas
la púrpura imperial de sus heridas...

Y ahí mismo, dispersos invasores,
como banda de buitres iracundos,
cebáronse en sus últimos rencores
sobre i
los indefensos moribundos:
y como el avariento en su tesoro,
gozáronse con sórdidos afanes
con despojar de sus galones de oro
a los mismos gloriosos capitanes...
[...]
¡Todo el que ahí cayó, cayó con gloria!
Aquel, cualquiera de ellos, es un hombre,
un hombre, y eso basta; y si la Historia
héroe sin nombre lo llamara un día,
aquel, cualquiera de ellos -Tengo un nombre:
yo me llamo Perú- protestaría.
[...]


Juan Lepiani 1894 La respuesta

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/e/eb/La_respuesta_de_Bolognesi.jpg/960px-La_respuesta_de_Bolognesi.jpg
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5.
PRIMERA PARTE
El salmo de las cumbres

[...]
¡Hasta allá... por las cúspides bifrontes,
con pie de acero y corazón de brasa,
irá el tren de lejanos horizontes,
que superpuestos túneles traspasa
como una aguja que cosiera montes!

¡Oh vértigos de altura extraordinarios!
¡Oh qué collar de cumbres se desgrana
como gibas de enormes dromedarios
en una inamovible caravana!...
Y de noche ¡oh visión la de las cumbres!
La noche bajo el ala abriga estrellas,
sombras de sombras, fugas de vislumbres,
golpes de trueno y tajos de centellas.
¡Allá... sobre esa cumbre que reposa
se ven los astros palpitar con vida,
simulando, en las sombras, la caída
de una inmensa nevada luminosa,
pero perpetuamente suspendida!

II
Corazón de montaña

En el boscaje se desgranan fugas
de cobardes murmullos: ya es el ruido
con que rebulle el lago estremecido,
que contrae su faz llena de arrugas;
ya es el golpe del ala,
que en su palpitación quiebra una hoja,
y sobre el lago de cristal resbala
y en el sonoro líquido se moja;
ya es el runrún de insectos voladores,
que hacen chirriar el élitro vibrante,
que profanan los labios de las flores
y que lucen, rondando sus amores,
alas de tul y ojillos de diamante;
ya es el crujido de vetusta rama;
ya es la caída de pesado fruto;
ya es el trino de pájaro que clama;
ya es la carrera de indomable bruto,
árbol, que fatigado se derrumba;
piedra del monte, que al abismo rueda;
brisa fugaz, que en la hojarasca zumba,
como un suspiro que se envuelve en seda;
y allá, muy lejos, cual arteria rota,
un manantial que cristalino brota
finge, en sus ecos de vigor escasos,
algo como un copólogo que flota
sobre los bordes de un millón de vasos...
[...]

https://dnwp63qf32y8i.cloudfront.net/202ab2ad5a2cd19776f00ed52894fd8a6dd67270

SEGUNDA PARTE

I
La oración da las selvas

[...]
Allá, un árbol, que se alza retorcido,
hace un gran gesto de dolor, y luego
tiende al azul los brazos suplicantes;
allá, un árbol, abierto como un nido,
que prepara la copa al dulce riego,
salpica su melena con diamantes;
un tronco, más allá, busca el regazo
del musgo, y a los tardos peregrinos
piadoso ofrece improvisado asiento;
acá, un arbusto endeble, como el brazo
de un esqueleto, con sus dedos finos
brinda una flor que se deshace al viento;
más acá un laberinto de zarzales
punza los pies de un árbol corpulento,
que se alza como un genio de locura
y combina las equis colosales
de un molino girando en la espesura
aquí, como ganosos combatientes,
se enroscan dos ramajes a manera
que se envuelven y anidan dos serpientes;
ahí, una formidable enredadera,
estrangula un arbusto entre sus lazos,
y salta a un árbol, y en veloz carrera
va de un árbol en otro, cual si fuera
una mujer que repartiese abrazos;

[...]

que la perlada luna desvanece
en el temblor de su fugaz desmayo,
tejen su danza insectos voladores,
ebrios con el licor que les ofrece
la copa rebosante de las flores.

Sobre el runrún destácase el chirrido
del élitro que gime: entre el murmullo
de la enjambrada turba, que en su vuelo
desata un espiral, vibra el quejido
de la fiera sonámbula, el arrullo
con que rezonga el pájaro en desvelo,
el gluglú de las aguas en rebote
sobre las asperezas, el ronquido
del reptil mientras duerme, el desconcierto
de voces locas el sedoso frote
de hojas que pasan en un libro abierto,
¡hasta el quejido de la flor en brote
sobre el viento locuaz que habla en desierto!
[...]

IV
Tempestad

[...]
Juan Santos Atahualpa lanzó el grito
de rebelión: crujieron las cabañas...
¡Su voz, repercutiendo en lo Infinito,
era la libertad de las montañas!
Aquello fue el derrumbe portentoso
de una sobre otra raza... Hecho un coloso,
él, Apu-Inca, que en el campo abierto
se rubricó de heroicas cicatrices,
supo en la lucha desplomarse muerto
como un árbol hachado en las raíces...
Mas cumplió su ambición y murió ufano;
que en las montañas a su empuje estrechas,
pudo, antes de morir, ver en su mano
todas las tribus como un haz de flechas...

V
Cuadro final

[...]
¡Y ha de imponerse sin cobardes quejas
arrollando temores y amenazas,
sobre el derrumbe de esas cosas viejas
la primavera de las nuevas razas!...

https://fernandolizamamurphy.com/wp-content/uploads/2018/06/juan-santos-atahualpa.jpg

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6.

II
LA INDEPENDENCIA DE AMÉRICA

[...]
habla Sucre. En sus ojos un destello;
en su diestra la espada fulgurante:
sobre el alto caballo se endereza
en los estribos; y épico y gigante,
echa hacia atrás la varonil cabeza
y grita así: -"¡Soldados!
De los esfuerzos de hoy pende la suerte
de la América entera!"-
                                     Y fue bastante,
para que esos heroicos esforzados
vieran que tras de Sucre iba la Muerle,
pero la Libertad iba delante!

[...]
ahí Córdoba, irguiéndose gigante,
díjole a sus soldados, que entre el fuego
se lanzaron con ánimo triunfante:
- ¡Armas a discreción!- Y gritó luego:
- ¡Paso de vencedores; y adelante!
[...]

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7.
                    ELEGIA BREVE
(EN MEMORIA DE UNA JOVEN HERMOSA)

IV
Has muerto. Y como rastro de tu gloria
que las tinieblas con su lampo hiere,
nos dejaste un recuerdo en la memoria:

tal si una flor se agosta y se consume
prisionera en un vaso, cuando muere
deja el vaso impregnado de perfume...

                IMPRECACIÓN
                             A Eduardo Talero

[...]
Risas
de analfabeta chusma; estruendo airado
de gentes ebrias de vibrante orgía;
juramentos de sórdidos despechos;
tempestades de pálidas envidias;
ola inmensa de fétidas injurias;
coro alegre de irónicas diatribas;
todo sube hasta mí; como el infame
hálito de la bestia apocalíptica,
revelador de las humanas menguas,
denunciador de las bajezas ínfimas,
instigador de los más nobles odios,
provocador de las más santas iras.

[...]
Alce la envidia
su escándalo, y azótele la frente
donde como en el cielo impera el día;
truene la voz de las tinieblas hondas;
rompa a volar la carcajada indigna;
hierva el rencor de las humanas menguas;
¡que yo todo lo veo desde arriba!

                ODA OLÍMPICA
                A LA JUVENTUD

[...]
El amor no es endeble: Hércules ama.
También da flores la robusta rama.

No porque estéis con el acero en mano
listo a la lucha el corazón amante
en vuestro pecho yacerá dormido;
porque en la misma fragua en que Vulcano
hace los fieros rayos del Tonante,
hace también las flechas de Cupido.
[...]
¡Qué importa la vejez, si cada ruina
escondido quizás guarda un tesoro!...
[...]
y para damos sus mejores minas
conmoviéndose entonces las montañas
como desesperadas heroínas,
se abrirán ellas mismas las entrañas.
[...]
Para salvar los áridos desiertos
que tras de cada tumba abre el olvido,
- libros en blanco para siempre abiertos
en que la voz de los elogios calla -
nada importa vencer ni ser vencido:
lo que importa es ser grande en la batalla.
[...]

        EL AMOR DE LAS SELVAS

[...]
Yo soy bosque sin traba: abre el sendero.
Yo soy antro sin luz: prende la tea.
Cóndor, boa, caimán, jaguar, yo quiero
ser lo que quieres tú que por ti sea!

Yo quiero ser un cóndor: hacer gala
de aprisionar un rayo entre mi pico;
y así, soberbio... regalarte mi ala,
¡para que te hagas de ella un abanico!
[...]
Yo quiero ser jaguar de tus montañas,
y robarte a mi propia madriguera,
para poder abrirte las entrañas...
¡y ver si tienes corazón siquiera!
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8.

              EL AMOR DEL DORADO

                                      I
Tú sabes que es mi patria la tierra del Dorado,
tú sabes que el Dorado te embriaga con su olor,
tú sabes que en el anca de mi bridón alado
te llevaría en sueños al bosque encantador:
ahí está el árbol que habla, la piedra del pecado,
el pájaro-abanico, la mariposa-flor;
ahí están los tres reinos con los que tú has soñado:
tres reinos que se ofrecen en pago de un amor.

                                      II
Resinas olorosas esenciarán tu aliento;
orquídeas sorprendentes anudarán tu sien;
peñascos fabulosos te brindarán su asiento;
hamacas de palmera su lánguido vaivén.
Tú sentirás, señora, lo mismo que yo siento:
el río hará de sierpe y el bosque será edén,
La Tentación te llama. Y el río, el bosque, el viento
a voces el Dorado te está diciendo: ¡Ven!

                                      III
[...]
verás que un arco-iris se extiende sobre el cielo
como la cola abierta de un gran pavo real.
[...]

https://ampascachi.com/images/blog/caballos-de-paso/origen-peruano-paso/historia-caballo-peruano-paso.jpg

LOS CABALLOS DE LOS CONQUISTADORES
                                                              A Manuel Bueno

¡Los caballos eran fuertes!
¡Los caballos eran ágiles!
Sus pescuezos eran finos y sus ancas
relucientes y sus cascos musicales...
¡Los caballos eran fuertes!
¡Los caballos eran ágiles!

¡No! No han sido los guerreros solamente,
de corazas y penachos y tizonas y estandartes,
los que hicieron la conquista
de las selvas y los Andes:
los caballos andaluces, cuyos nervios
tienen chispas de la raza voladora de los árabes,
estamparon sus gloriosas herraduras
en los secos pedregales,
en los húmedos pantanos,
en los ríos resonantes,
en las nieves silenciosas,
en las pampas, en las sierras, en los bosques y en los valles.
¡Los caballos eran fuertes!
¡Los caballos eran ágiles!
[...]
el caballo con que Soto diestramente
y tejiendo sus cabriolas como él sabe,
causa asombro, pone espanto, roba fuerzas
y, entre el coro de los indios, sin que nadie
haga un gesto de reproche, llega al trono de Atahualpa
y salpica con espumas las insignias imperiales...
¡Los caballos eran fuertes!
¡Los caballos eran ágiles!
[...]

https://blog.terranea.es/wp-content/uploads/2018/08/imagen-Caballos-034-1.jpg


                                  BLASÓN

Soy el cantor de América autóctono y salvaje:
mi lira tiene un alma, mi canto un ideal.
Mi verso no se mece colgado de un ramaje
con un vaivén pausado de hamaca tropical...

Cuando me siento Inca, le rindo vasallaje
al Sol, que me da el cetro de su poder real;
cuando me siento hispano y evoco el Coloniaje,
parecen mis estrofas trompetas de cristal.

Mi fantasía viene de un abolengo moro:
los Andes son de plata, pero el León de oro;
y las dos castas fundo con épico fragor.

La sangre es española e incaico es el latido;
¡y de no ser Poeta, quizás yo hubiese sido
un blanco Aventurero o un indio Emperador!

LOS VOLCANES

[...]
Los volcanes son túmulos de piedra,
pero á sus pies los valles que florecen
fingen alfombras de irisada yedra;

y por eso, entre campos de colores,
al destacarse en el azul, parecen
cestas volcadas derramando flores ...

LOS LAGOS

[...]
Al ver el lago, entonces, se dijera
que la larga serpiente que antes era
se ha ensortijado entre la selva hosca;

porque así son, en la montaña andina,
el río una serpiente que camina
y el lago una serpiente que se enrosca...


                     LAS DOS RAYAS

Ya trepidaba en todos el ímpetu guerrero,
cuando salió Pizarro del grupo vacilante;
y la cabeza olímpica irguió como un gigante,
contó diez firmes pasos y desnudó su acero.

Trazar quiso una raya con ademán ligero;
y al punto fue en la arena la raya fulgurante:
volvióse luego á todos y señaló adelante;
llegó á la raya histórica y la pasó el primero.

Después el Inca supo trazar su raya, cuando
corrió la diestra sobre los muros, señalando
lo que ofreció con oro llenar en sólo un día.

El oro, que, creciendo, fue como mar sin playa,
cubrió la raya en breve... ¡Y así es como podría
decirse que aquel hombre pasó también su raya!


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9.

                             X

[...]
- ¿Quién es el Héroe
que así hace gala de su impávida firmeza? -
Pregunta es de tal cumbre,
que otra cumbre contesta:
- CÓRDOBA es el Héroe de bronce:
alma fundida en un metal sobre una hoguera;
y LA MAR es el Héroe de granito:
alma pulida en el silencio de una piedra.
Uno es el ímpetu brillante;
y otro es la augusta resistencia.-

De nuevo, se oye misteriosa la voz dulce
de la cumbre primera:
- En doble línea de batalla,
CÓRDOBA es hoy la mano diestra:
blande él la espada del ataque
lista a vibrar en la contienda;
LA MAR, en tanto,
es la siniestra,
que, para hacer seguro el golpe,
ofrecerá como un escudo su defensa.-

La voz de la otra cumbre
como inspirada suena:
- CÓRDOBA es una estatua del bronce de Corinto:
anímalo el espíritu de Grecia.
LA MAR parece un monolito religioso
de las civilizaciones pretéritas... -

https://infoayacucho.com/wp-content/uploads/2019/04/Batalla-de-Ayacucho.jpg

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10.
Descarguen desde aquí algunos de estos libros que terminé de leer este fin de semana, compartan los enlaces en sus redes, y podemos conversar a partir de su lectura:


Estamos en contacto, que se procuren amor y salud,
Miguel-Humberto Fuentes Huerta
(511) 993 970 550
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