III
EL MORRO Y EL HÉROE
[...]
[Bolognesi] Tal el hermoso anciano,
que siempre tuvo en el feral embate
-más valiente que Aquiles, ya que el griego
gozaba de los dioses el socorro-
frente de cumbre y corazón de fuego;
que no por cierto en vano
¡nació al pie de un volcán, murió en un morro!
IV
EN ESPERA
[...]
¡Son tan pocos!... Y en vano la mirada
espacia el héroe por do quier: no llega
refuerzo alguno. Soledad callada؛;
cúspide muda; silenciosa vega;
campiña sin rumor... ¡En vano, en vano,
se esfuerza por oír otro murmullo
que no sea el murmullo del océano!
¡Ah! parece el silencio con que el fuerte
desprecia al débil, desde su alto orgullo.
Ni un vago, inquieto son, ni un leve ruido:
es el hondo silencio de la Muerte,
¡es el sueño profundo del Olvido!...
[...]
¡Ah, ya está todo en el lugar que quiso
señalarle la Suerte desgraciada!...
El invasor al pie, cual replegada
ola pronta a saltar; en la alta cumbre,
el héroe cual relámpago indeciso
que anuncia tempestades, con la lumbre
de su vibrante espada;
el mar sembrado de enemigas naves
súbitamente, que al volar semejan
las arrancadas plumas de las aves
que por los vientos arrastrar se dejan; [...]
Bolognesi en la cumbre suspendido
hállase ante la escuadra fragorosa,
como ante un cazador pendiente un nido.
Y bajar de la cumbre fuera en vano,
ya que innúmera hueste al pie lo acosa.
¿Mas qué le importará, si otro es su anhelo?
No podrá el héroe descender al llano;
pero podrá subir: ¡subir al cielo!
[...]
V
EL ÚLTIMO CARTUCHO
[...]
Después que lo escuchó, la ligera mano
pasose el héroe por el ancha frente;
las cejas enarcó súbitamente;
pero, al pensar que se enojaba en vano,
díjole así tranquilo y sonriente:
-Tengo apenas un grupo de soldados;
pero tengo a la vez los más sagrados
deberes que cumplir: la voz escucho
de mi conciencia que morir me manda;
y moriré... después que en la demanda
¡haya quemado el último cartucho!-.
[...]
-Aguardad- dice el héroe, -yo os lo ruego:
no estoy solo, en verdad; y es deber mío
consultar mi respuesta. Volved luego;
o mejor... esperad, porque ya ansío
de una vez concluir. Venga la junta,
aquí mismo, ante vos; y que decida
si supe contestar vuestra pregunta
y si supe escoger. ¡O muerte, o vida!-
Prontos instantes luego
empezaron del héroe a la presencia,
a llegar sus gloriosos capitanes:
MORE el primero fue, con el sosiego
del que marcha, serena la conciencia,
a la coronación de los afanes;
y luego UGARTE, con la faz tranquila, [...]
[...] Fuera egoísmo,
egoísmo de gloria, en un anciano,
sacrificar vuestras sagradas vidas
sin oíros primero.
¡Vosotros escoged! ¡No hubo espartano
que no siguiera el rumbo de Leonidas:
os lo recuerdo; mas quién sabe acaso
si no es bueno seguir, cuando están llenas
de juventud las almas, al que un paso
le resta dar hacia la tumba apenas!...-
[...]
-¡Vuestra opinión es mía!- dice entonces
el majestuoso MORE; y todos -¡Mía!-
prorrumpen a la vez: la vocería
es cual si echasen a volar los bronces...
[...]
y señalando el campo, que la puerta
deja entrever, con la actitud del guía
que muestra un rumbo en la extensión desierta
-¡Ya sabéis- dice -la respuesta mía!
Yo rendirme no sé, yo siempre lucho
a vencer o morir; decid que es ésta
mi irrevocable y única respuesta:
¡Quemaremos el último cartucho!-.
VI
ANTES DEL ASALTO
[...]
En la comida luego de aquel día,
apuraron los tétricos soldados
su alimento postrer, fríos callados,
con profunda atención; y no se oía
risa profana que a turbar viniera
aquella calma de dolor sombría,
que se cierne en las almas y en las cosas,
cuando próxima está la nube fiera
a desatar sus iras tempestuosas...
[...]
Cinco veces mayor, el enemigo
todo lo arrollará, todo... ¡qué importa!
Cinco veces mayor será el ,renombre
que cada héroe llevará consigo
al sepulcro también. La Vida es corta
para que pueda apetecerla el hombre...
VII
EL ASALTO
[...]
aquel héroe sin nombre, con su sola
calada bayoneta, al fin rechaza
a un grupo, que le envuelve y le amenaza
como a la peña la ceñida ola;
ése, como hoja que arrebata el viento,
de peña en peña va, por el barranco;
ese otro lanza horrible juramento,
los ojos pone en blanco,
deja caer el arma, con la diestra
cubre la sangre que en su pecho asoma
y rápido, en mitad de la palestra,
gira sobre sí mismo... y se desploma;
éste, el corvo homicida
clávale por la espalda al que entre tanto
expone, ante cien muertes, una vida;
éste, de cara al Sol, muerto soldado,
como expresión de póstumos enojos,
muestra al cielo el combate reflejado
en el cristal de sus abiertos ojos;
y este otro, que dispara
su arma antes de caer, rápido rueda
y en su alarde postrer, de espaldas queda,
vuelta hacia el suelo con desdén la cara...
Charcos de sangre lo enrojecen todo;
y así la sangre, lustración de horrores,
resbala en cauces de revuelto lodo
cual por la sien del labrador sudores...
[...]
IX
FIN DEL ASALTO
[...]
De pronto, en su corcel, entre el tumulto
que arrolla el invasor, rápido avanza
ALFONSO UGARTE, cual fugaz meteoro:
tal en las sombras del dolor oculto
brilla a veces un rayo de esperanza...
Es blanco su corcel, con cascos de oro
y pupilas de Sol; rasga la bruma
con su flecha veloz; y sobre el alta
cumbre, erguido en dos pies, salpica espuma
con relincho de horror... ¡y luego salta!
[...]
Y al ver así cayendo su figura,
con la espada desnuda entre la mano,
en su blanco corcel, creyó el océano
que era un Ángel bajando de la Altura.
[...]
En tanto, sobre el Morro, en el postrero
fuerte del norte, un grupo denodado
resiste altivo al vencedor, que fiero
en su innúmera hueste lo ha cerrado,
como un compacto círculo de acero.
¡El asalto invasor rompe la valla,
que cede al fin; y el grupo prisionero
es el punto final de la batalla!
[...]
De las quince centenas de soldados
que escoltaban al héroe, diez centenas
por la tierra quedaron esparcidas:
esos héroes desnudos, desgarrados,
ostentaban apenas
la púrpura imperial de sus heridas...
Y ahí mismo, dispersos invasores,
como banda de buitres iracundos,
cebáronse en sus últimos rencores
sobre i
los indefensos moribundos:
y como el avariento en su tesoro,
gozáronse con sórdidos afanes
con despojar de sus galones de oro
a los mismos gloriosos capitanes...
[...]
¡Todo el que ahí cayó, cayó con gloria!
Aquel, cualquiera de ellos, es un hombre,
un hombre, y eso basta; y si la Historia
héroe sin nombre lo llamara un día,
aquel, cualquiera de ellos -Tengo un nombre:
yo me llamo Perú- protestaría.
[...]
Juan Lepiani 1894 La respuesta
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/e/eb/La_respuesta_de_Bolognesi.jpg/960px-La_respuesta_de_Bolognesi.jpg
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